yo

 

Esta es la parte donde tengo que escribir acerca de mi recorrido profesional. Cuando tenía 16 o 17 años (tranquilos,  avanza rápido después) me gustaba mucho la química y la matemática, casi a la par de lo que me gustaba la literatura y la sociología. Pero tenía que elegir. Los dos últimos años del Bachillerato me obligaban a tomar una dirección. Entonces, mi madre, ni lerda ni perezosa (una expresión que no sé si aplica al caso pero que me gusta mucho así que me tomé la licencia de introducir en el mejor momento que encontré, sin afectar mayormente la concordancia), me envió a una psicóloga para que me hiciera “orientación vocacional”. Ni me acuerdo cuál fue el resultado, lo que sí me acuerdo es que en ningún momento reflexionamos, con la señora psicóloga, acerca de lo artificial/problemático del dilema. Hice el Bachillerato Humanístico. Cuando salí de ahí, me mudé de ciudad: de Paysandú a Montevideo, y me anoté en tres carreras: licenciatura en Letras, licenciatura en Ciencias de la Educación y Psicopedagogía. Cursé unos meses de todas y decanté por Letras. En tanto cursaba la licenciatura, trabajaba como educadora en ONGs, clubes de niños en barrios “de contexto crítico”, refugios para personas “vulnerables”, trabajaba y hacía cursitos y talleres que acompañaban el recorrido.  También, desde los 10 años, más o menos, escribía poesía. Leía bastante literatura. En Montevideo y en Paysandú participé de talleres literarios que eran rondas de afecto, confianza y libertad. Después, trabajé en políticas culturales perfiladas hacia lo “social”. Co-coordiné un programa de la Dirección Nacional de Cultura, al tiempo que militaba en movimientos y colectivos que tenían que ver con lo social, lo cultural y lo educativo. Siempre estuve muy cerca de las personas que no encajaban bien. El orden no es algo que aprecie especialmente. Me licencié en Letras (ni quieran saber cómo justifiqué mi “plan” de  optativas… materias de antropología, de filosofía, de arte) y me anoté en un posgrado en Gestión Cultural. Egresé como “especialista en gestión cultural”. Después me mudé de ciudad otra vez. En Buenos Aires hago la Maestría en Sociología de la Cultura y el Doctorado en Sociología. Trabajé y milité en organizaciones sociales de base comunitaria. Doy clases de literatura en un Bachillerato Popular. Coordino Talleres de Escritura,  virtuales y presenciales, trabajo como correctora de estilo, escribo poesía, voy a leer cuando me invitan y publiqué algunas cosas aquí o allá. Algunas de las cuales viajaron lejos y se tradujeron gracias a un montón de gente. Gané algún que otro premio y alguna que otra “mención de honor”. Cuestión que no me gustan las disciplinas y las especificidades, ni estoy de acuerdo con que el que mucho abarca poco aprieta. A veces, me pasa que estando en la Academia me hablan de los saberes disciplinares, de los recortes y de las dedicaciones exclusivas; cuando estoy en las organizaciones me hablan de los intelectuales y sus burbujas conceptuales, cuando estoy en la política me hablan de los artistas y sus mañas narcisistas y de los intelectuales y su incapacidad de gestión, cuando estoy entre artistas me hablan de los académicos, sus corsés, sus egos y sus limitaciones, y de los militantes sociales, todos cortos de vista, cuando estoy entre profesionales de lo social o de la salud me hablan de uno y de otro y así sucesivamente… Lo cierto es que no me acuerdo cómo dividir entre tres cifras, y si me ponen una tabla periódica adelante no puedo decir a ciencia cierta qué significan esas letritas, así que ahora estoy considerando la viabilidad de empezar a cursar Ingeniería Náutica.

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